Esta semana se llevó a cabo en San Petersburgo una cumbre entre África y Rusia en la cual el presidente ruso, Vladimir Putin, se reunió con 17 líderes africanos. En el marco de la misma, el líder ruso buscó fortalecer los lazos y así mantener su influencia en el continente. Del mismo modo, algunos mandatarios, sobre todo el presidente de Sudáfrica, calificaron a la cumbre como una oportunidad para promover la cooperación mutua entre Rusia y África.
A pesar de la guerra, Rusia mantiene relaciones estrechas con diferentes Estados de África, los cuales se han abstenido de criticar y condenar la invasión rusa de Ucrania. El caso más emblemático fue el de Eritrea, que se encuentra entre los pocos países que apoyan a Rusia en las votaciones en la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Sin embargo, cabe destacarse que el gran número de países ausentes en la cumbre evidenció, en parte, la decadencia en las relaciones ruso-africanas. En 2019, año en el que se celebró una cumbre de estas características, Putin recibió a 43 jefes de Estado africanos, lejos de la cifra actual de 17 líderes. Esta falta de apoyo se evidenció también en las votaciones en la Asamblea General durante el año pasado, en las que 28 países africanos condenaron las agresiones rusas.
Entre los naciones ausentes se encuentra Kenia, cuyo presidente describió la retirada rusa del acuerdo de granos en el mar Negro como una «puñalada en la espalda» por sus consecuencias respecto a la seguridad alimentaria global. «No creo que este sea un buen momento para cumbres en Rusia. Porque Rusia está involucrada en una guerra. África necesita adoptar una postura muy firme sobre este tema. Es una cuestión de bien o mal«, comunicó también el líder de la oposición en Kenia, Raila Odinga.
En este contexto, Rusia culpó a Estados Unidos y sus aliados occidentales por la disminución de la presencia africana. En concreto, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, atribuyó este efecto a las presiones ejercidas por Occidente en la región.
La cumbre llega en un momento clave para las relaciones entre el continente africano y Rusia. La retirada de Rusia del acuerdo que permitía a Ucrania mantenerse dentro de los mercados globales por medio de la exportación de granos a través del mar Negro despertó las alarmas de diferentes países, incluyendo a Estados Unidos, Europa y África. En torno a ello, el secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Jens Stoltenberg, acusó a Moscú de realizar un «cínico uso armamentístico del hambre«.
En concreto, la retirada rusa del acuerdo, junto con los ataques aéreos que las fuerzas rusas realizan contra infraestructura portuaria ucraniana, significan grandes complicaciones para las exportaciones de granos de Ucrania. Por ello, los países que en parte dependían de dichos granos para abastecer de alimento a sus poblaciones han comenzado a padecer escasez y aumento de precios.
En este sentido, las repercusiones de la retirada no favorecen a las relaciones rusas con sus aliados, en un contexto donde el país se encuentra aislado de gran parte del mundo. Dado que las críticas hacia Rusia no tardaron en llegar, Putin tiene la necesidad de actuar para mantener sus relaciones al mejorar la imagen de Rusia.
El medio que encontró para lograr su objetivo fue la promesa de enviar entre 25.000 y 50.000 toneladas de grano sin costo a Burkina Faso, Zimbabue, Mali, Somalia, República Centroafricana y Eritrea. En su mayoría, los países seleccionados son aquellos que otorgaron apoyo a Rusia respecto a la guerra. Así, Putin sentenció que «Rusia sigue siendo un proveedor confiable de alimentos para África«.
Diversos países africanos poseen una enorme dependencia hacia los granos de Ucrania y Rusia. La situación de vulnerabilidad alimentaria que muchos de ellos sufren hacen a la extrema relevancia de la medida adoptada por el presidente ruso. Según la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas, entre los 16 países que más importan su trigo de ambos países se encuentran:
- Djibouti, Burundi, Mauritania, Togo, Camerún, Senegal, Ruanda, Congo, Libia, Tanzania y Namibia, con una dependencia de entre 50% a 70% de sus importaciones de trigo.
- Egipto y Madagascar, con una importación de entre 70% a 80%
- Somalia y Eritrea, con una importación de entre 90% a 100%, siendo los países africanos más dependientes de sus granos.
No obstante, cabe mencionar que las relaciones rusas con África no se limitan a los granos. En los últimos años, Rusia ha adoptado diversas medidas para aumentar su influencia en el continente. En el 2019, por ejemplo, anunció acuerdos de venta de armas, acompañado de un plan para aumentar el comercio. Además, a lo largo de los años, el grupo Wagner se ha extendido cada vez más por algunos de los países africanos.
A pesar de las declaraciones de Putin, algunos críticos dudan de que Rusia realmente lleve a cabo sus promesas, basándose en incumplimientos pasados por parte del gigante euroasiático. Un ejemplo de ello ha sido la promesa, realizada en 2019, de duplicar el comercio con el continente en un plazo de cinco años, lo cual no ha mostrado señales concretas de implementación.