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Trump y Putin: ¿Un acuerdo a espaldas de Ucrania y Europa para mirar a China?

El reciente acercamiento entre Rusia y EE.UU. en de Riad evidencia cómo sigue operando gran parte de la política internacional. Al excluir a Ucrania y a los representantes europeos de las primeras instancias de negociación, ¿Qué intereses persigue Donald Trump?

Publicado el 24 de febrero de 2025 por Facundo Galli Lobo
Trump y Putin: ¿Un acuerdo a espaldas de Ucrania y Europa para mirar a China?

Mientras se cumplen tres años de guerra en Ucrania (24 de febrero de 2022), la nueva administración de Donald Trump ha iniciado sus primeras acciones para impulsar negociaciones con el fin de alcanzar un alto al fuego sin mayor demora. Para ello, ha propuesto una serie de condiciones que han resultado, en muchos casos, polémicas en cuanto a su contenido y en relación a los actores excluidos del proceso.

La nueva política exterior bajo el liderazgo del dúo Trump-Rubio implica un cambio abrupto en el papel que EE.UU. busca desempeñar en un escenario cada vez más complejo, incierto y de polaridad ascendente.

Primeros encuentros bilaterales

Siendo la principal fuente de apoyo militar para Kiev, EE.UU. ha convocado únicamente a Rusia a las conversaciones iniciales sobre el futuro del conflicto. Aunque Ucrania y los representantes europeos han sido excluidos deliberadamente de este primer encuentro, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, se reunió previamente con Volodímir Zelenski en el marco de la 61.ª Conferencia de Seguridad de Múnich, celebrada la semana pasada.

Durante dicha reunión, Vance presentó a las autoridades ucranianas una serie de propuestas para conciliar posturas y llevar una posición unificada a la cumbre de Riad. Sin embargo, no se logró ningún acuerdo, lo que generó frustraciones y tensiones entre ambos aliados.

Mientras algunos representantes estadounidenses, como el senador republicano Lindsey Graham, insisten en la necesidad de aumentar el rearme de Ucrania, el gobierno de Zelenski ha manifestado su descontento con la delegación de Vance. Según fuentes ucranianas, la delegación estadounidense no presentó ningún plan concreto que garantizara la seguridad futura de Ucrania.

Asimismo, el hecho de que EE.UU. no promoviera una negociación trilateral con Rusia ha causado malestar en Kiev, al punto de que el propio Trump acusó a Zelenski de «incitar a la guerra» y lo calificó de «dictador».

Presiones contra el «aliado» ucraniano

Para facilitar las negociaciones, EE.UU. ha declarado que Ucrania debe aceptar la realidad de su situación si realmente desea alcanzar «la paz». Según Washington, Ucrania debe cumplir tres condiciones:

  1. Renunciar a su intención de unirse a la OTAN.
  2. Contemplar la cesión de los territorios ocupados por Rusia.
  3. Reembolsar parte de la ayuda militar y financiera proporcionada por EE.UU.

En los dos primeros puntos, la administración Trump parece alinearse más con las exigencias de Vladímir Putin que con los intereses de los aliados europeos y la OTAN. Sin embargo, el tercer punto revela un interés económico directo de EE.UU.: acceder al 50% de los beneficios generados por la explotación de tierras raras en Ucrania, una de las mayores reservas globales de litio, grafito, germanio, galio, titanio y circonio, entre otros recursos estratégicos.

Si bien Zelenski no rechazó de inmediato esta propuesta, sí se negó a firmar un acuerdo que no garantizara la seguridad de su país frente a una posible nueva invasión rusa. Para el presidente ucraniano, la iniciativa de Trump es «confusa» porque no ofrece garantías sólidas en materia de seguridad.

Por otro lado, mientras la delegación de Vance sugirió que Ucrania debería devolver aproximadamente USD 500.000 millones en tierras raras, Kiev ha cuestionado que el valor real del apoyo estadounidense apenas haya superado los USD 200.000 millones.

China, China, China… La obsesión estadounidense

Durante su campaña presidencial, Donald Trump centró gran parte de su discurso sobre política exterior y económica en China. En repetidas ocasiones, ha afirmado que el gigante asiático le «roba» empleos a EE.UU. y se aprovecha de su «buena voluntad».

Por ello, la urgencia de la nueva administración por reducir su nivel de compromiso en Europa parece explicarse por su intención de concentrar esfuerzos en la región del Indo-Pacífico. En este sentido, las presiones de Washington sobre sus aliados europeos no tienen otro fin más que instar a que estos asuman una mayor responsabilidad en su propia seguridad.

Aunque Trump ha declarado que no tiene intención de retirar tropas de Europa, sí ha insinuado una posible reducción de su presencia. Paralelamente, la administración estadounidense ha exigido a los países de la OTAN que aumenten su gasto en defensa al 5% del PIB y ha sugerido indirectamente que Europa debería prepararse para un eventual despliegue de tropas en Ucrania.

Tanto el senador Graham como el enviado especial de EE.UU. para Ucrania, el general (R) Keith Kellogg, han señalado que cualquier acuerdo con Rusia probablemente requerirá la participación activa de Europa para evitar un nuevo estallido del conflicto.

Incluso desde una perspectiva estratégico-económica, la intención de EE.UU. de garantizar su acceso privilegiado a los recursos minerales de Ucrania se enmarca en su objetivo de rivalizar con China en el mercado de tecnologías de uso dual, incluyendo chips, microprocesadores y baterías, sectores clave en la competencia tecnológica global.

De este modo, la administración Trump ha dejado en claro que su prioridad consiste en redirigir su enfoque estratégico hacia la contención de China. Sin embargo, la exclusión de Ucrania y sus aliados europeos de las negociaciones iniciales con Rusia podría generar nuevas tensiones y desconfianza entre Washington y sus socios occidentales. Lo cual incluso podría afectar negativamente al compromiso europeo en el Indo-pacifico en favor de EE.UU.

Mientras EE.UU. busca asegurar beneficios económicos a través del acceso a los recursos minerales ucranianos, la falta de garantías de seguridad para Kiev plantea interrogantes sobre la viabilidad y durabilidad de un potencial acuerdo futuro.

En este complejo escenario, el porvenir de la guerra en Ucrania sigue dependiendo no solo de la diplomacia de las grandes potencias, sino también de la capacidad de los actores regionales para hacer valer sus intereses en un orden global cada vez más incierto.

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